Dominique nació el 8 de junio de 1955 en Burdeos, Francia. Uno de sus profesores reconoció su talento y le abrió el camino a los estudios artísticos. Después de la Escuela de Artes Aplicadas, asistió a la Escuela de Bellas Artes con una especialización en pintura. Dominique decidió trabajar en diferentes profesiones "prácticas" para no perder el contacto con la vida cotidiana, mientras seguía pintando y dibujando en su tiempo libre. En 1983 se trasladó a Suiza y formó una familia con su esposa Lisa. Unos años después nacieron sus hijas Julie y Marion. Varios trabajos en el ámbito publicitario (decorador, pintor de letras, serigrafista, diseñador gráfico) permiten a Dominique mantener su libertad de expresión; prefiere mantenerse al margen del mercado de las exposiciones y las galerías.

En 2001, decidió convertirse en ilustrador y diseñador independiente. Con su mujer, asistió a una conferencia de Christiane Muller. El encuentro con el Centro de Enseñanza e Investigación de la UCM fue un paso importante en su vida. Los años siguientes estuvieron marcados por una gran transformación interior que le preparó para una gran misión: a partir de 2006, dedicó su talento como dibujante durante dos años y medio a la creación de un cómic sobre el descubrimiento de textos antiguos en España en colaboración con Kaya.

Para mi evolución personal, el Cielo no podría encontrar mejor que este "trabajo" para hacerme consciente de lo que vivo, siento, pienso... cada día y de todos los privilegios que recibo además. Es un extraordinario campo de experimentación y, por tanto, un excelente punto de partida para avanzar espiritualmente. Deseo que esta obra inspire a la humanidad...

Dominique pinta para acercarse a la luz y, en consecuencia, a lo mejor de sí mismo. Es para él una forma de evolución espiritual. El mensaje que quiere transmitir a sus alumnos en sus clases es que en la luz hay otros mensajes más allá de la realidad visible, otras dimensiones que debemos intentar percibir y discernir. Así, sus cuadros invitan al espectador a visitar su mundo interior para descubrir sus propios enigmas y misterios.

Para Dominique, la dimensión espiritual de la pintura es aspirar a la belleza, a la pureza. Trata de alcanzar este objetivo buscando temas que, a través de su simbolismo y sus colores, acerquen al espectador a un mundo de luz, de inspiración espiritual.